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13. Febrero 2009 por admin.
Como se fai pra non perder o teléfono, as chaves, a carteira, as correas dos cans, as gafas (as de sol e as de ver) mil veces cada día? mil días cada vez?
Mil días levo perdidos buscando as pequenas cousas cotiás. E buscando o importante moitos, moitísimos mais.
Déixovos unha canción de Sabina ideal para momentos como este nos que esta funambulista precisa unha boa patada no cú para deixar de mirarse o embigo.
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24. Enero 2009 por admin.
En 2008 tuve dos novios. Uno de mi edad y otro de 4 años. El segundo me dejó por una más joven, de 20 y tantos, la muy zorra. Pero hemos quedado como amigos así que hoy estuvo en mi casa y hablamos.
Ahora él tiene 5, ya es un hombrecito y se preocupa por cosas de adultos.
- Galia, los números no se acaban verdad?, dice mientras se lame un arañacito que le hizo mi gata.
- No cariño, no se acaban, puedes contar toda tu vida y siempre habrá más. Son infinitos, ¿sabes? Lo infinito es lo que nunca se acaba.
- Nunca?!
- Nunca.
- Pues yo quiero ser infinito.
- Yo también cielo.
- Porque si soy infinito no me muero.
- ¿Te preocupa la muerte?
- Si.- da una vuelta lenta de 360º, mientras piensa con el dedo en la boca- ¿…Y cuando tu madre se muera, qué va a pasar?
- Que estaré muy triste.
- Yo también. Cuando se muera la mía.
- Pero para eso falta mucho.
- ¿Cuánto?.
- No lo sé. Pero mucho, tú vas a ser mayor.
- Ya. Pero cuánto tengo que contar para saberlo, porque no quiero que se muera.
- Entonces no cuentes. Tu mami es joven.
- Si, y muy guapa.
- Si.
- Y es buena.
- Claro que sí.
- Entonces ¿Audrey también se va a morir? (Audrey es mi perra y al amiguito le encanta. Suele abrazarla con mucha ternura y decirle que la quiere).
- Si, peque.
- Joooooo!
- Si, jo!
- ¿Cuándo?
- Pues más o menos cuando tu vayas a la universidad.
- Ah! qué bien!, cuánto!
- Y tu mami muchíiiisimo más tarde.
- ¿cuándo yo sea viejecito?
- Muy viejecito.
- Vale, pero no quiero.
-Yo tampoco.
Quizá no paso suficiente tiempo con niños de esa edad, yo creía que a los 5 años las preguntas relacionadas con la muerte eran sobre qué ocurre después.
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21. Enero 2009 por admin.
Hoy Guille y yo descubrimos una palabra nueva. La vida es corta en el tiempo pero estos últimos días deliciosamente densa. (Para los que seguís el blog de vez en cuando, hablo de Guille y de Matji, los dos protagonistas de esta mini-historia en El arte de mesarse los pelillos de la nariz).
Guille trabaja ahora conmigo, en Noticias de Ti (mi empresita), y es un gustazo. Dos soñadores capaces de arañar la tierra con las uñas de los pies.
La mañana fue intensa. Tuve una reunión para hablar de un proyecto de la Asociación de Marketing Social, ong en la que Carlos Mañas me metió de un puntapié. Ya os iré contando.
Por la tarde tocó trabajo y desconexión, todo en uno, tomando un chocolate y un descafeinado. Hablamos de mil proyectos. La creatividad se dispara y casi no da tiempo de anotar . Y a la vuelta, en el coche, creí de nuevo la magia.
- ¡¡Matjia!! -dijo Guille-
Y todo quedó claro.
La “Matjia” es comunicarme como con Matji, con alguien que no sea Matji.
Gracias Guille.
Matji. Un millón.
Audrey y Byron descansan bajo la mesa. Me voy a achuchar a mis perros.
Besos y lambetones.
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16. Enero 2009 por admin.
Y tanto. Tengo mucho que escribir y sólo 5 minutos. Sonará el teléfono y a currar, pero de cenita, que se lleva bien. En 5 minutos podría hablar de la crisis. Contradictorio si habeis leído Audrey, Byron, la crisis y Tom Waits, que también está en este blog. Ayer estuve apatrullando la ciudad de madrugada con un amigo cámara y lo vi. La crisis no está en la prensa, está en la calle.
Jueves, noche y finalmente madrugada. Apenas 50 personas fuera de sus casas. Muertos noticiables ninguno, al menos hasta las 4 de la madrugada y al ojo de águila de mi amigo. Vivos tampoco. Incluso la Guardia Civil se aburría. Un par de tíos ligeramente borrachos y prepotentes en un control de alcoholemia. No había bares, ni trapicheros, ni alpiste en las calles. Por no haber, apenas 2 prostitutas en la avenida que no lleva su nombre.
Vigo está triste. 2000 de Citroen ya no salen de copas, y otros 2000 dejarán de hacerlo en breve. Qué pena. Los más débiles están pagando aquí, en el primer mundo, la codicia de occidente. Feed-back.
Me tengo que ir.
Besos reincidentes.
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10. Enero 2009 por admin.
Acabo de encontrarme con un chico del barrio. Estaba de bajón, pero el gimnasio le había sentado bien -la rabia, el miedo, el caos.. también se pueden sudar, a veces-. El principio de año le está haciendo daño, joder con la cacofonía. Bueno, las puñeteras navidades le han hecho daño. Y claro, se resiente.
Las navidades están inventadas para joder a los que se sienten solos. “Cualquier día del año puedo estar en mi casa y no pasa nada, es normal. Pero en navidad piensas, ¡cómo voy a estar sólo este día!. Sí, te machacan tanto que duelen mucho más las ausencias”.
En mi caso las navidades siguen siendo puñeteras, pero mucho menos que hace años. Mi gran ausencia, mi gran abandono, mi padre, apenas se nota ya. Pero en las malditas felices fiestas aparece de repente su desaparición y ¡toma ostia!. No lo pienso, no quiero pensarlo. Eso está superado. ¡Ah! ¿Pero se puede?. Lo siento, creí haber pasado por triplicado todas las fases del duelo (negación, ira, negociación, depresión, aceptación) y alguna más.
Como iba diciendo, al chico del barrio lo conocí hace varios meses porque su perro quería ligar con la mía, y, aunque ella no estaba de acuerdo, los humanos hablamos. Me contó que su perro le había salvado la vida: “Yo iba a suicidarme, lo tenía claro”.
Pero unos metros antes de su suicicio, en la carretera, vio a un perro sufriendo, abandonado, como él, y la vida del perro valió en ese momento más que la suya misma. Más incluso que su propia y deseada muerte (”cada quen morre como lle da a gana”, suele decir un buen amigo). Lo entendí perfectamente. No hay como sentirse profundamente solo, asustado, desquerido… para morir en vida y buscar la muerte. El peludo poco ladrador lo sacó de la soledad y le dió un sentido a su vida, un nuevo principio: cuidarlo.
Recuerda que en su casa, de pequeño, había perro. Un perro muy inteligente que lo iba a buscar al colegio cuando era un crío. Pasaron los años y con ellos parte de la vida. Una parte dulce y luego una muy amarga. La muerte, esta vez, también pasó. Se quedó en la carretera viendo alejarse a un hombre con un perro más bien pequeño, pero muy, muy grande.
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29. Diciembre 2008 por admin.
28/12/08. Algo más tarde.
Matji acaba de escribirme, que hermoso lo hace el cabrón. La comunicación fluye de tal manera desde que nos conocimos, y cada día más, que me da igual con quién le toque enfadarse este mes. Todos somos una pandilla de bárbaros, y cuando coincidimos trenzándonos las barbas pelirrojas en un mismo segundo, en un mismo lugar, se produce la magia.
Hace poco estuve en Madrid, por mi exposición y Guille, un amigo, me acompañó. La primera noche cenamos con Matji. Guille lo observaba todo. Me encanta Guillermo porque con 30 y tantos tiene la capacidad de mirar como un niño, o como un sabio, según se mire, nunca mejor dicho.
Guille expoloró a Matji. También a mi, claro, porque aunque hablo de él como un amigo, que lo es, en ese momento nos conocíamos más bien poco. Teníamos muy buenas referencias uno del otro por nuestra madre putativa. La cosa surgió. Iba a alquilar una furgo para llevar los cuadros en Madrid y necesitaba unas vacaciones de mi vida. Pensé con quien ir, y me vino a la cabeza, porque unos días antes había estado en mi casa enseñándome fotos y contándome su viaje, desde finisterre (Galicia) a Cabo Norte (Noruega) el solo, en bicicleta, tres meses. Apasionante. Lo llamé y vino.
Así además, pudo conocer a Matji. Yo le había prestado, antes de siquiera imaginar que iríamos juntos a Madrid, “Horas de Luz” peli de Matji, porque habíamos estado hablando mucho de la luz en relación con su viaje, los momentos, la pintura… y de pronto vió la carátula del dvd sobre la mesa. “Horas de luz - dijo- que curioso, yo creo que estas coincidencias se producen por algo”. Así que le dejé la peli, y al poco tiempo me dijo que le había encantado, pero se le había hecho corta. Y la vida tiene estas cosas a veces. Que de repente se ve en Madrid hablando con Matji sobre la continuación, en la vida real, de los personajes de la película.
Y ve a Matji. Estoy convencida de que lo que primero que vio de él fue su silueta, sombrero y coquetería: “He adelgazado un montón y no me has dicho nada”, la segunda frase que me espeta cuando la primera mía no fue de halago. Después su mirada. Inteligente, resabiada, fantástica en lo más literal de la palabra. Y claro, el gesto tan suyo de tortuga, el que me sale inevitablemente al escribir esto. Porque si pienso en Matji se me pone como a él el cuello de tortuga, paciente y arrogante, cuando se percibe sabio. Y, finalmente, Guille vio su edad.
Matji presume mucho de ser un viejo, le gusta hablar de su ancianidad y su decrepitud, también de sus nietastros. Un día me contó emocionado que uno de ellos le había llamado “abuelastrito!!. Con lo difícil que es decir algo así para un niño!”. Estaba fascinado. Lo mismo se fascina que se hunde en la más terrible de las miserias. En eso nos parecemos. Y, según Guille, en casi todo lo demás.
Al salir de la cena y ser depositados por el A3 rojo, con motor para veinteañero de Matji, en el apartamento que nos habían prestado. Guillermo refulgía. Le brillaban los ojos incluso más que de costumbre. Matji le había ayudado a escribir su libro. Pero lo que más le gustó fue vernos hablar. Parece ser que era como un partido de pin-pon o algo así. Frases inacabadas por ausencia de necesidad… risas, esta vez no tocaron lágrimas, pero Manoliño y yo sabemos que hubo dos o tres miradas de pesar, sobre todo por su parte, y de “cuidado con lo que dices”, sobre todo por la mía.
Conocerse, mesarse juntos los pelillos de la nariz, es lo que tiene. Guillermo alucinó, con ese alucine pausado que lo caracteriza. Porque Guille sabe flipar sin volverse loco. Él si es un artista. A mi me quedaron, como siempre, ganas de más. Pero tocaba así. Tocó una breve cena antes del montaje de la exposición y una comida con mis tíos una vez inaugurada.
Mi tía Raquel expuso en las mismas fechas, en el mismo edificio, en la sala de al lado. Hicimos la petición el mismo día hace más de un año y nos la concedieron exactamente en el mismo momento. Nuestros cuadros no tienen nada que ver, menos mal, ella pinta lo que yo escribo, y yo pinto parte de su vida, más que de la mía. Curioso, nunca me había parado a pensarlo así.
El caso es que hoy le mandé un mensaje muy breve al Matji, “Los inocentes”, que también está en este blog y me contestó:
“a veces la vida es solo oscuridad,
como en el cuadro de Raquel,
en el que ves luces y
el pequeño punto rojo
que concentra la atención.
y consuela.
el punto rojo,
¡cuanto talento el de Raquel!
el punto rojo, puro arte.
tu lo tienes.
ahora fluye dolor que hay que drenar.
lo mejor está por llegar.
así lo espero, desde hace tiempo.
Y el sufrimiento,
de perfil.
¡ay, dios!
¿que podemos hacer?
¿que podemos no hacer?
hay sabiduría en esas palabras,
sabiduría es otra cosa que información.
querida, Galia, empiezas a saber-
me descubro.
beso amoroso”
Besos múltiples
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28. Diciembre 2008 por admin.
28/12/08.
El día no ha tenido puta gracia. ¿dónde están los inocentes esos?
Lo de hoy ya no es miedo, es puro asco. Rabia. Sé que no soy sólo yo, pero eso no ayuda, duele más.
Un día todo y nada especial. Comida en pseudofamilia, muy agradable. Algunos aplausos y palmaditas. Hasta un cariño en la prensa (gracias Patiño). He logrado seguir respirando gracias al gimnasio, al agua, al vapor, a estar en un sitio donde fumar no se me pasa por la cabeza.
El día fue casi decente hasta que me encontré con el sufrimiento de perfil. Después de todo, permanecer, como decía ayer, no es tan fácil:
No será nada grave, casi nunca lo es, al menos en tiempo presente. El sufrimiento tenía brazos: dos; piernas, 2; ojos, 2.
Intenté hacer lo que sé que no funciona: intentar hacer.
Recuerdo aquellas veces en que familia o amigos intentaban hacer conmigo: “¿pero qué te pasa? ¿te ayudo? ¿quieres que te traiga algo?” A cada pregunta menos respiración. “¿Puedo hacer algo por ti?”. “Pues claro que no puedes puñetera, déjame en paz. Déjame encontrar mi paz”.
Vi esa mirada, la cara cartón piedra, en otra persona. Ojalá ya se le haya pasado. Verlo en otro rostro me impactó. Me empeño tanto en respetar que acabo faltando al respeto en lo más básico: no meterme. Pero como a todos los que me atosigaron a preguntas y estúpidas frases de consuelo, me cuesta.
Hoy vi la maldita lucha de siempre en los ojos de otro y no supe reaccionar, o más bien, no reaccionar, que era lo suyo. Sólo me salió un hilillo de voz que nadie oyó: “ponte bien pronto, por favor”.
Mi primo tiene esa mirada a veces, y yo, por supuesto. Dicen que mi padre está algo loco y el suyo lo estaba aún más. No lo sé. No los conozco. Sólo sé que a veces no hay tregua para la tregua. Siento ser parte del engranaje.
Paro. En estas circunstancias nada de lo que yo diga cuenta. Nada.
Besos entrañables.
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27. Diciembre 2008 por admin.
27/12/2008
Y sigo sin estar de un humor fabuloso. Hoy me tiré como una hora viendo los pros y contras de un ipod o un mp4 sony. Después de marearme, volver locos a dos simpáticos (qué remedio les queda) dependientes y a mi compañero, me di cuenta de que no iba a comprar ninguno. Que no es el momento, y no porque no me guste el juguetito. Me pegué un tropezón contra la realidad y aún me está saliendo el chichón.
Pero por un momento, asqueroso pero cierto, percibí algo parecido a la erótica del poder, a pequeña escala, claro, nadie dijo que tuviera que ser orgásmica, solo erótica. Lo que quiero decir es que ponerte en la situación, vivir como una realidad algo que no lo es y donde tú mandas, tiene un puntillo. ¿Y Si dijéramos todos, ¡ala! vamos una vez por semana a que en una inmobiliaria nos enseñen un pisazo en el centro?. No podemos comprarlo, pero… si con tanto vacilar le salvamos el puesto de trabajo a un dependiente. “Buf, la gente no compra nada, pero vienen en masa, como voy a echar al chaval, si me trabaja bien. Es que está todo el mundo tan asustado”.
Hoy cayó en mis manos un libro sobre criminología forense. Y entre pedaleo y moqueo (me fui al gimnasio a respirar un poco, paradójicamente) terminé de leer un ensayo sobre marketing social y comencé el prólogo de este libro en el que no se hacía especial hincapié en lo sangriento o no de los crímenes que relatarían en las páginas siguientes sino en el miedo.
El prologuista ¿se dice así?. Ahora no recuerdo el nombre y puede que nunca lo haga, hablaba, en cierto modo de la cultura del no miedo. Bueno, el lo definía con otras palabras y le daba muchas más vueltas, pero básicamente decía que desde pequeños se nos dice que no tengamos miedo, pero no se nos enseña a evitar tener miedo, sólo a acomodarnos a ciertas situaciones que nos dan miedo. ¿Vivimos en un estado de pánico continuo?. Yo creo que sí. Antes pensaba que era sólo yo y eso daba mucho más miedo.
Tiene razón señor prologuista, ahora lo veo, nos cagamos por la pata abajo cada vez que una señal de tráfico se ha salido de su sitio, casi podemos visualizar, durante un momento, el pedazo ostión que se llevó el coche que se la comió. Los sesos desparramados por el suelo, las ambulancias, que nunca llegan… mientras una señora grita, gesticulando fuertemente, por el móvil.
Y el zapato en el suelo. Vacío, sin su muerto.
Vale, igual no hacía falta ser tan gráfica. Hemos visto esas imágenes, todos. En informativos, fotos, pelis, series, libros, revistas, hasta en la radio nos han puesto los gritos, las sirenas y el silencio posterior. Ese silencio denso que sólo la radio puede describir durante unos segundos. La radio sabe transmitir la muerte, sólo permaneciendo.
Permanecer, es el verbo que utiliza mi amiga Paralicia cuando la llamo para ver como está y no quiere decirme directamente “mal”. No, ella me suelta un “aquí, permaneciendo”. Y todo está claro. Permanecer es un estado intermedio entre el pánico, para mi sinónimo de muerte y algo que se asemeja lejanamente a la vida.
Permanecer es doloroso, aunque no suene tan mal. Permanece el gato callejero cuando muerto de hambre nos mira, agazapado, y duda “¿huyo porque tienen una linterna que me deslumbra y pueden ser unos asesinos de gatos? ¿me acerco porque me traen un guisiño de xoubas que me salvaría la noche y parte del día de mañana?”. En esas décimas de segundo, hasta que toma una decisión (los gatos tienen la virtud de decidirse rápido, no como los humanos) el animal está permaneciendo. Permanecer es doloroso. Paralicia permanece mucho últimamente y yo, que también tengo mis permanencias de vez en cuando hace un par de días que no la llamo. La echo de menos.
Por otra parte, ¿que pasa con los que nos cuentan esas cosas que dan tanto miedo?. Un accidente, un atentado, el 11M, secuestraron al hijo de alguien… esos que hablan con los testigos, los familiares y si les dejaran, caray, hasta hablarían con el muerto. ¿También ellos permanecen?.
Hace unos meses tuve una conversación telefónica con un periodista que fue tentado durante algún tiempo por el lado oscuro. Si, amigos, fue un paparazzi. Su experiencia, ni la mejor ni la peor de su vida posiblemente, pero se alegra de haberlo dejado. Se alegra tanto que ahora se dedica a trabajar en una radio municipal y está feliz. De todos modos, que yo sepa él sólo fotografiaba vivos.
Estas navidades conocí a un cámara y fotógrafo de vivos, pero también de muertos. Él dice que es muy frío para esas cosas, que no le afectan, que puede comerse un cocido después de grabar a un hombre desmembrado, o un atropello o lo que sea. Ayuda a los de la ambulancia, graba, coge testimonios, monta y listo. No está mal, aparentemente él tampoco permanece. Salvo las 3 horas que se curte en el gimnasio cada día.
La sociedad del no miedo. El miedo como tabú, igual que la muerte. Miedo igual a muerte, desde siempre. Miedo al miedo. Porque, bien mirado, tener miedo está muy mal visto.
Igual porque es contagioso. Su mera mención acojona: “no te preocupes, no tengas miedo”, la frasecita nos sale de forma natural pero cuando nos la dicen a nosostros, socorro. Algo pasa. ¿Quien dijo miedo?.
Yo digo miedo muy a menudo. Lo tengo casi tipificado, no es lo mismo el miedo que se siente en la piel que el que se siente en la columna vertebral, o en la masa muscular de la espalda. El miedo en el estómago se suele convertir rápido en angustia, y, entonces, da más miedo y el miedo en la garganta da dolor y ganas de llorar. Pero cuando hay miedo, el llanto no desahoga. Ahí le doy la razón al entrañable impermanente, es mejor el gimnasio.
Paro ya, que me doy miedo.
Bicos a tutti
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26. Diciembre 2008 por admin.
26/12/08
He tardado mucho en escribir de nuevo porque Audrey, mi perra, ha estado muy enferma, y yo primero cuidándola y luego un poco en shock. Ahora juega, ríe (quizá un poquito menos que de costumbre porque no está recuperada), y pasa mucho tiempo disfrutando del cachorro que se quedó a vivir con nosotros: Byron, antes llamado Nessuno, al que tuvimos que cambiar el nombre porque terminaba en una negativa. De todas formas os diré que él eligió su nombre porque me tiré día y medio llamándolo Sherlock y ni caso. En cuanto dije Byron vino disparado meneando cada uno de los huesecillos de su columna vertebral, y por supuesto, la cola.
Os diré tambien que Audrey, Byron y yo estamos hasta las narices de la puñetera crisis. El mantra mil veces repetido por los medios de comunicación. Y me jode, porque aunque ahora estoy algo alejada del mundillo… me toca de cerca, (mejor dicho, me hubiese tocado de cerca si algo de lo que buscábamos los cuatro románticos que no nos habíamos metido sólo por pasta en eso de la comunicación, hubiésemos visto aunque de lejos un poquito de nuestra anhelada utopía).
Quiero decir, el mantra, negativo como la muerte, de la crisis, nos está desolando. Esa maldita letanía acaba con los ánimos de cualquiera. Se ha demostrado que hablar de suicidios en los medios de comunicación es mala terapia para la sociedad: la gente se mata más (obviamente no los mismos, que ya están muertos), ergo, en este país ya no se suicida ni dios, se muere en extrañas circunstancias, o no se muere, leche, que si total los familiares veían poco al susodicho y en las ciudades grandes ya se sabe, palma un colega y ni te enteras, oyes, que andamos todos muy ocupaditos.
A lo que iba, si ya no hay suicidios en los medios, quiere alguien decirme por qué carallo hay crisis?. A ver, señoras y señores, que estamos en un sistema capitalista, que se basa en que unos compran y venden más caro a otros que compran también, y si nadie compra todo se va a la mierda.
Algunos amigos me dicen que la crisis es buena, que significa cambio, ruptura con lo anterior, que si la adolescencia duele y cosas así. Pero con esta crisis yo no veo que los pobres sean más ricos, siguen siendo pobres y más aún porque ya casi no tienen ni quien los explote. Y los ricos, vamos, los ricos pueden renunciar a una o dos mansiones, no es el fin del mundo.
En fin, no he podido evitar meterme en la dichosa letanía, comprendo a mis colegas de la prensa, ¿de qué vas a hablar?.
Confieso que hoy no tengo un buen día. En circunstancias normales os diría, sobre todo a los que teneis empresas, que hay que currar más para ganar lo mismo, y tampoco es para tanto: Levantad la mano los que hayais cobrado una hora extra en toda vuestra vida (la mía sigue en el teclado, y no es porque no las haya hecho, es que soy tan enrolladita que iba regalando mi tiempo para que otros ganasen más dinero y se palmearan las espaldas). Sospecho que vuestras manos tampoco están muy elevadas.
Hace poco recibí una felicitación: Feliz 2010 porque por el 2009, tal como se avecina, vamos a tener que pasarlo de puntillas.
Yo estoy triste porque Lacramiara (lo siento Lacri pero nunca aprendí a escribir ni pronunciar tu nombre en rumano se ha vuelto a su país. A trabajar de dependienta por 100 ó 200 euros al mes. Lloraba al despedirse, 3 días de autobús en el mejor de los casos. Por lo menos verá a sus hijos. Aquí, limpiando mierda ganaba más, pero su marido se quedó sin trabajo y aquí, por mucha mierda que limpie Lacri una familia no vive, por lo que no le quita a nadie el puesto de trabajo, tal como insinúan colectivos de cretinos que ni pienso mencionar.
En fin, como os decía, no es el día más alegre de mi vida. Por lo menos he estado traduciendo (de aquela maneira) una canción de Tom Waits que me encanta. Aquí podeis escucharla mientras veis parte de la película Smoke, una obra maestra de Paul Auster, que seguro, hoy sería políticamente incorrecta. Hay que joderse.
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10. Octubre 1999 por admin.
OPINION. Domingo, 10 de octubre de 1999
OBITUARIO. MANUEL COLMEIRO
Renovador del arte gallego
GALIA BLANCO
El pintor gallego Manuel Colmeiro Guimaraes perteneció a la generación de los renovadores de la pintura gallega junto a otros artistas como Laxeiro, Carlos Maside, Manuel Torres y Luis Seoane. Colmeiro, que falleció el día 1 en Silleda (Pontevedra), se convirtió en el precursor del arte abstracto en Galicia y uno de los primeros de España en prestar atención a ese movimiento. Su manera de pintar, y sobre todo de observar la naturaleza le fue llevando poco a poco a una síntesis cada vez mayor que culminó en una serie de obras abstractas que llamó simplemente paisajes.
En el panorama gallego fue uno de los artistas que reaccionaron contra el regionalismo anterior, que se basaba en la mera reproducción populachera de la vida rural, con una conciencia nacionalista que supo recuperar, actualizar y dignificar, con un ideal antropológico, los valores tradicionales de la cultura del finisterre, combinándolos con una novedosa percepción del arte influida por las vanguardias europeas.
Colmeiro nació en Silleda, en 1901. A los doce años emigró a Argentina donde se reunió con su familia, que había cruzado el Atlántico tres años antes. Regresó a España con 25 años, convertido ya en un pintor lleno de inquietudes. Uno de los factores que posibilitaron su conocimiento de las vanguardias europeas fueron las becas que entre 1925 y 1933 otorgó la Diputación de Pontevedra, asesorada por Castelao.
En estos años se perciben en su pintura rasgos comunes con movimientos como el cubismo y referencias a artistas como Cezanne o Kandinski. Pero tiene otras influencias. La redondez en los rostros, los trazos curvos y tamizados, recuerdan a las formas circulares representadas en los petroglifos y el arte celta en general.
La temática de sus cuadros siempre estará centrada en clases menos favorecidas, pero las romerías, los trabajadores del campo retratados por Colmeiro superan la visión superficial de las generaciones anteriores y alcanzan un significado social que va mucho más allá de la simple reproducción costumbrista.
El pintor regresa a Buenos Aires a consecuencia de la Guerra Civil, donde permanece hasta 1948. Allí le llegan los cruentos relatos de la guerra. En esta etapa realiza diversas obras en las que se mezclan la nostalgia y el coraje ante la tragedia española.
Entre 1949 y 1986, Colmeiro vive en París. Es allí donde logra reunirse en 1955 con su mujer y sus tres hijos. Pero el París de la posguerra está lleno de confusiones también en el panorama artístico, muy influido por lo que se estaba haciendo en Nueva York. Colmeiro continúa fiel a sus propuestas pero sin renunciar al reinante clima de experimentación. En algunas de sus obras comienza a verse una mezcla entre la figuración y la abstracción.
El artista pasó los últimos años de su vida en Galicia sin poder pintar, debido a sus agudos problemas visuales.
Manuel Colmeiro, pintor, nació en Silleda (Pontevedra), en 1901 y falleció el 1 de octubre de 1999.
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